El beso en el asiento trasero del coche blindado no fue una escena de película romántica; fue un choque de trenes. Sabía a desesperación, a adrenalina y a un desafío directo al destino que intentaba separarlos. Cuando Azkarion finalmente se apartó, sus ojos grises estaban oscuros, fijos en los labios de Emma como si estuviera tratando de descifrar una ecuación que no tenía solución.
—Eso... no estaba en el contrato, Emma —susurró él, con la respiración entrecortada.
—El contrato acaba de quemar