El coche se detuvo frente a la mansión de Dante Miller, un edificio de arquitectura agresivamente moderna, todo cristal y ángulos afilados que gritaba "nuevo rico". Emma respiró hondo, sintiendo cómo el corsé de su vestido de seda esmeralda le impedía llenar los pulmones por completo. Azkarion, a su lado, se ajustaba los gemelos de plata con una calma que ella sabía que era fingida.
—Recuerda —susurró él, antes de que el chofer abriera la puerta—. Dante buscará una grieta. Intentará hacerte sen