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Capítulo 8: Escalofríos y Silencio

 

[Narrado por Mia Blackwood]

El agua de la piscina no solo se había llevado el rastro del vino, sino también cualquier resto de calidez en mi cuerpo. Pasé la noche temblando bajo tres mantas, con el eco de la risa seca de Liam Donovan martilleando en mis sienes. No dormí. Cada vez que cerraba los ojos, sentía la presión de sus manos en mis muñecas y el frío glacial del agua golpeando mi piel.

A la mañana siguiente, el espejo me devolvió una imagen lamentable: ojos ligeramente hinchados y una palidez que ni el mejor rubor podía ocultar.

¡Achu! —el estornudo escapó de mis labios justo cuando entraba al comedor.

Dominic levantó la vista de su tableta, frunciendo el ceño de inmediato. Spencer dejó su café a medio camino.

—¿Qué fue eso, Pulga? —preguntó Dominic con ese tono de sospecha que usaba cuando sentía que algo andaba mal—. Estás pálida. ¿Te resfriaste?

—No es nada —respondí con la voz un poco ronca, evitando mirar hacia la cabecera de la mesa, donde sabía que Liam estaba sentado, observándome como un halcón—. Solo el cambio de clima. Debo ir a clases, se me hace tarde.

—El clima no cambia dentro de esta casa, Mia —intervino mi padre desde su asiento, mirándome con severidad—. A menos que hayas vuelto a hacer alguna estupidez nocturna.

Sentí un escalofrío que no tenía nada que ver con la fiebre. No dije nada. Me senté en el lugar más alejado, manteniendo la vista fija en mi plato de frutas. Casey y Cleo intentaron captar mi mirada, con rostros llenos de una culpa evidente por lo ocurrido el día anterior, pero yo las traté como si fueran parte del mobiliario. El silencio era mi única arma.

—Liam —llamó Spencer, girándose hacia él—. ¿Pasó algo anoche?

Hubo una pausa eterna. Sentí el peso de la mirada de Liam sobre mí, recorriendo mi rostro, deteniéndose en mis labios que aún se sentían entumecidos.

—Nada fuera de lo común, señor Blackwood —respondió Liam con esa voz impecable, desprovista de cualquier emoción—. La señorita Mia tuvo un inconveniente con el sistema de riego del jardín mientras caminaba con sus amigas. Me aseguré de que regresara a su habitación de inmediato.

"Inconveniente con el riego". Mentiroso. Maldito mentiroso prepotente.

En ese momento, Emma e Isabella entraron al comedor, luciendo frescas y radiantes, como si no hubieran huido como cobardes la noche anterior. Se sentaron a mi lado, pero sus ojos no estaban en mí.

—¡Hola, familia! —exclamó Isabella, lanzándole una mirada cargada de intención a Liam—. Liam, ¿dormiste bien? Espero que no hayas tenido que hacer muchas... "rondas de vigilancia" después de que nos fuimos.

—Estás increíble hoy, Donovan —añadió Emma, inclinándose un poco para que su escote fuera evidente—. Ese color gris te resalta los hombros. ¿A qué hora llevas a Mia a la universidad? Quizás podamos ir todas juntas... apretadas en el asiento trasero.

Liam soltó una risa corta, una que no llegaba a sus ojos, pero que alimentaba el coqueteo de mis amigas.

—El coche es lo suficientemente amplio para todas, señoritas —respondió él, con una cortesía que me dio náuseas—. Aunque dudo que su amiga esté de humor para compañía hoy.

No levanté la cabeza. No quería ver su suficiencia ni la forma en que mis amigas se derretían por el hombre que me había humillado. Me sentía pequeña, expuesta y profundamente sola. Cada vez que Isabella reía de algo que él decía, yo apretaba los puños bajo la mesa hasta que mis uñas se clavaban en mis palmas.

—Vámonos —dije, levantándome bruscamente. El movimiento me provocó un mareo y un nuevo estornudo—. Emma, Isabella, si van a venir, muévanse ahora.

Caminé hacia la salida sin despedirme de nadie, ignorando el llamado de Cleo. Escuché los pasos pesados de Liam detrás de mí, marcando el ritmo de mi propia derrota. Él era el hermano de mis cuñadas, el protegido de mi padre y el deseo de mis amigas. Para todos, él era el héroe. Para mí, era el hombre que me había lanzado al agua helada para "despertarme", después de haberme hecho sentir un fuego que me avergonzaba admitir.

Cuando llegamos al coche, Liam me abrió la puerta trasera. Me detuve un segundo frente a él, sin mirarlo a los ojos, pero lo suficientemente cerca para que sintiera mi desprecio.

—¿Te diviertes, Donovan? —le susurré con la voz rota por el resfriado—. Disfruta tu audiencia. Al final del día, todos aman a un buen actor.

Liam se inclinó, cerrando la puerta una vez que mis amigas subieron por el otro lado, pero antes de cerrarla del todo, su mano se apoyó en el marco, impidiéndome el movimiento.

—No actúo, Nena —susurró cerca de mi oído, y su aliento cálido fue un contraste doloroso con mi piel fría—. Solo me aseguro de que sobrevivas a ti misma. Y si para eso tienes que mojarte un poco... que así sea.

Cerró la puerta de un golpe, dejándome encerrada en el perfume de mis amigas y en mi propia rabia. El viaje a la universidad acababa de empezar, y yo solo quería que la tierra me tragara antes de tener que pasar un minuto más bajo su vigilancia.

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