Mundo ficciónIniciar sesión[Narrado por Mia Blackwood]
Pasé la noche contando las sombras en el techo y planeando mil maneras de torturar a mi nuevo carcelero. Liam Donovan se había convertido en mi obsesión personal, pero no de la forma romántica, sino de la clase de obsesión que te hace querer arrojarle un jarrón de la dinastía Ming a la cabeza.
Apenas amaneció, llamé a las únicas personas que podían entenderme. Mis cuñadas, mis aliadas, las mujeres que habían logrado domar a mis cavernícolas hermanos.
—¡Es un animal, se los digo! —exclamé, caminando de un lado a otro en mi habitación mientras Cleo y Casey me observaban desde mi diván de terciopelo.
Cleo, siempre tan elegante, tomaba su café con una calma sospechosa. Casey, por otro lado, tenía una chispa de diversión en los ojos que no me gustó nada.
—Me cargó al hombro como si fuera un saco de papas —continué, gesticulando con indignación—. Me quitó las llaves, me encerró y me llamó "Nena". ¡A mí! ¡La "Pulga" de los Blackwood! Papá le ha dado autoridad total y Dominic lo trata como si fuera un héroe de guerra. Tienen que ayudarme a que lo echen. Por favor, hablen con sus esposos.
—Vaya, Mia... suena a que realmente te ha dado una noche movida —comentó Casey, ocultando una sonrisa detrás de su taza—. ¿Tan prepotente es?
—Es un prepotente, arrogante, maleducado y... y... ¡está demasiado bueno para su propio bien! —solté sin querer, lo que provocó que Cleo casi se atragantara—. Pero eso no quita que sea un dictador. Cleo, tú que tienes a Dominic comiendo de tu mano, dile que este tipo es peligroso. ¡Dile que me asusta!
Mintiendo descaradamente sobre mi miedo (porque lo que sentía no era miedo, era una furia electrizante), me senté entre ellas.
—Tranquila, Pulga —dijo Cleo, poniéndome una mano en el hombro con suavidad—. Si este "Donovan" es tan terrible como dices, nosotras nos encargaremos de ponerlo en su sitio. Nadie trata así a nuestra cuñada favorita.
—¿De verdad? —pregunté esperanzada.
—De verdad —secundó Casey con un brillo travieso—. Vamos a darle una bienvenida que no olvidará.
En ese momento, la puerta de mi habitación se abrió sin previo aviso. Ni siquiera llamó. Mi sangre comenzó a hervir al ver la figura imponente de Liam recortada contra el marco de la puerta. Llevaba una camisa gris marengo que se ajustaba a sus hombros de una forma criminal y su expresión era la misma de anoche: pura autoridad.
—Llegas tarde para tu inspección matutina, Blackwood —dijo él, ignorando por completo que había visitas. Sus ojos se clavaron en los míos con ese desafío silencioso que me volvía loca—. Levántate. Tenemos que revisar el itinerario de tu...
Se detuvo en seco al notar a Cleo y a Casey sentadas en mi diván. Yo me puse de pie, con una sonrisa triunfal en los labios. "Ahora verás, idiota", pensé. "Mis cuñadas te van a destruir".
—¡Ahí lo tienen! —señalé a Liam—. ¡Entra sin llamar! ¡Es un bruto!
Esperé el ataque de las Donovan. Esperé que Cleo lo fulminara con la mirada o que Casey le soltara algún comentario mordaz sobre su falta de modales. Pero lo que sucedió a continuación me dejó completamente petrificada.
Cleo y Casey se levantaron de un salto, pero no para atacarlo. Sus rostros se iluminaron con una alegría que nunca les había visto dedicada a nadie que no fuera mi familia.
—¡Liam! —gritaron ambas al unísono.
Antes de que pudiera parpadear, mis refinadas cuñadas se lanzaron sobre el "matón". Cleo lo rodeó por el cuello, dándole un beso cariñoso en la mejilla, mientras Casey lo abrazaba por la cintura, riendo y dándole un golpe afectuoso en el brazo.
—¡Mírate! —exclamó Casey, apretujándolo—. Estás más grande que la última vez que te vimos en la base. ¿Cuándo llegaste, hermanito?
—Anoche —respondió Liam, y por primera vez vi cómo su máscara de piedra se rompía para mostrar una sonrisa genuina, cálida y protectora—. No quería interrumpir sus cenas familiares.
Me quedé de piedra. El aire se escapó de mis pulmones. "¿Hermanito?", repetí mentalmente, sintiendo cómo el suelo desaparecía bajo mis pies.
—¿Hermanito? —mi voz salió como un chirrido—. ¿Ustedes... ustedes se conocen?
Liam se separó de ellas, pero mantuvo un brazo sobre los hombros de Cleo. Me miró de reojo, y esa chispa de prepotencia volvió a sus ojos, multiplicada por diez.
—Mia, querida —dijo Cleo, todavía sonriendo—, creo que no los presentaron formalmente. Este "bruto" es Liam Donovan. Nuestro hermano menor.
—El pequeño de la casa —añadió Casey, guiñándole un ojo a Liam—. Aunque ya no es tan pequeño, ¿verdad? Veo que ya conociste a nuestra "Pulga".
Sentí que mi cara pasaba por todos los colores del arcoíris. La humillación me quemaba la garganta. Mis aliadas, mis hermanas de elección, estaban abrazando al hombre que yo quería ver muerto. El hombre que me había cargado al hombro y me había azotado ahora estaba recibiendo mimos de las mujeres más poderosas de la mansión.
Liam dio un paso hacia mí, dejando a sus hermanas atrás. Se inclinó un poco, lo suficiente para que solo yo pudiera escucharlo.
—Parece que tus "aliadas" están bajo mi mando también, Princesa —susurró con una voz cargada de una victoria absoluta—. ¿Todavía quieres que me echen? Porque me parece que me voy a quedar un largo, largo tiempo.
Miré a Cleo y a Casey, que nos observaban con curiosidad y una complicidad que me dio pánico. Estaba sola. Estaba atrapada con un Donovan que no solo era letal, sino que tenía el respaldo total de mi propia familia.
—Te odio —le siseé, con las lágrimas de frustración picándome los ojos.
—Lo sé —respondió él, recuperando su tono de mando—. Ahora, lávate la cara y baja a desayunar. Te espero en la puerta. No me hagas subir a buscarte... Nena.
Salió de la habitación con la arrogancia de un rey que acababa de conquistar un imperio. Cleo y Casey se acercaron a mí, riendo.
—¡Es un encanto, ¿verdad?! —dijo Casey—. Un poco rudo, pero tiene un corazón de oro.
—¡Es un monstruo! —grité, tirándome de nuevo a la cama.
Mi vida acababa de convertirse en un infierno, y lo peor de todo es que el diablo era el hermano de mis mejores amigas. La guerra no había hecho más que empezar, pero Liam Donovan acababa de ganar la primera batalla de la forma más sucia posible.







