Había algo en William que me atraía como un imán, algo que iba más allá de su belleza, de su dinero, de su poder. Era su oscuridad. Era la forma en que me miraba como si yo fuera la única luz en medio de la tormenta.“Te quiero de una forma que no sé explicar.”Sus palabras de anoche aún resonaban en mi cabeza. Y yo, que había jurado no volver a entregarme a nadie, que había construido muros alrededor de mi corazón para que nadie pudiera herirme, había caído. Como una hoja en otoño. Como un edificio derrumbándose. Como todo lo que alguna vez intenté proteger.—Me estás mirando, de nuevo. —Dijo de repente, con la voz ronca por el sueño.Me sobresalté. Sus ojos azules, esos ojos que a veces parecían grises como el mar en tempestad, estaban abiertos y fijos en mí.—No te estoy mirando. —Mentí.—Mientes muy mal, Helena. —Sonrió, y fue una sonrisa perezosa, satisfecha, de gato que ha cazado lo que quería. —¿Cuánto tiempo llevas ahí?—No sé. Un rato.—¿Y qué has estado pensando?—En ti. En
Leer más