La cabaña quedó en silencio cuando los hombres de la Red salieron.Antonia escuchó sus pasos alejarse, las puertas cerrarse, los motores encenderse en la distancia. Elena había dicho que los dejarían solos. Que había gente afuera, vigilando, pero que nadie entraría. Que tenían tiempo. Todo el tiempo del mundo.Pero el tiempo, Antonia lo descubrió en esa noche, era un concepto que no significaba nada cuando el cuerpo recordaba lo que la mente había borrado.Noah estaba sentado en el borde de la cama. La única cama de la cabaña, una estructura de madera cubierta con mantas de lana que olían a humedad y a pino. Tenía las manos apoyadas en las rodillas, los dedos entrelazados, los nudillos blancos por la fuerza con que se sostenía. Las vendas de su brazo estaban sucias, los moretones de su cara habían pasado del morado al amarillo, y cada vez que respiraba, un gemido silencioso le escapaba de los labios.Antonia se quedó en la puerta, con la espalda contra la madera, las manos apretadas c
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