Antonia sintió que el mundo se desmoronaba a su alrededor. Las imágenes del sueño regresaban, pero ya no eran suaves. Eran oscuras. El jardín ya no era un jardín. Los jazmines olían a encierro. El abuelo no tomaba café. Vigilaba.
—¿Por qué no me lo dijiste?
—Porque no quería que supieras. Porque si sabías, ibas a querer liberarlos. Y si los liberabas, iban a matarte. Como quisieron hacerlo cuando tu abuelo murió.
—¿Por eso me casaste con vos?
—Por eso. Mi abuelo sabía. Tu abuelo sabía. Yo era e