Tres semanas habían pasado desde aquella tarde en el café. Tres semanas de palabras sinceras, de abrazos reparadores, de noches en las que Juan Diego y Lenna volvieron a dormir abrazados, con Diego entre ellos, con el futuro abriéndose paso como un jardín después de la tormenta. La casa de los padres de Lenna se había llenado de risas, de planes, de una felicidad que parecía no tener fin.La boda ya estaba en marcha. No iba a ser una ceremonia pequeña, íntima, solo para los más cercanos. Iba a ser una boda gigante. Una celebración enorme, como Lenna se merecía. Como ella siempre había soñado. Desde que era niña, desde mucho antes de que Thomas apareciera en su vida, Lenna había imaginado su boda como un cuento de hadas. Y ahora, por fin, iba a tener la oportunidad de vivir ese cuento.El lugar elegido era una finca en las afueras de Madrid, con un jardín enorme que parecía sacado de una película. Los árboles centenarios formaban un túnel verde que llevaba hasta la capilla, una constru
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