La luz de la mañana entraba por los ventanales de la habitación del hotel como un río de plata. Lenna despertó antes que Juan Diego, como siempre, y se quedó un momento mirándolo dormir. El sol le acariciaba el rostro, destacando la línea de su mandíbula, la tranquilidad de sus labios cerrados, la paz de sus párpados. Era hermoso. Era suyo. Y estaba allí, en París, con ella.Se levantó en puntillas, fue al baño, se duchó, se vistió. Quería sorprenderlo. Quería que este día fuera tan especial como el anterior, pero diferente. No sabía qué tenía planeado él, no sabía qué sorpresa le esperaba, pero confiaba. Siempre confiaba.Cuando salió del baño, Juan Diego ya estaba despierto. La miraba desde la cama, con una sonrisa que le derretía el corazón.—¿Cuánto tiempo llevas mirándome? —preguntó.—Toda la vida —dijo él.—Sos un mentiroso.—No miento. En otra vida ya te había visto.—¿En otra vida?—En todas.Lenna se acercó a la cama, se sentó en el borde, y lo besó. Un beso corto, suave, per
Leer más