El sol de la mañana entraba por los ventanales de la habitación del hotel como un río de luz dorada. París se despedía de ellos con un cielo despejado y una brisa suave que movía las cortinas de la ventana. Lenna estaba sentada en el borde de la cama, con el anillo de compromiso brillando en su dedo, la sonrisa no se le borraba del rostro. Diego la esperaba en Madrid. Su madre la esperaba. Juan Diego la esperaba. Todo estaba bien.
Juan Diego terminó de cerrar la maleta, revisó que no olvidaran