El auto se detuvo frente a la casa de los padres de Lenna. El sol ya se había ocultado, y las primeras estrellas comenzaban a brillar en el cielo. Juan Diego apagó el motor. Se quedó un momento en silencio, con las manos en el volante, mirando hacia adelante. Lenna lo miraba de reojo, con el corazón latiéndole con fuerza. No sabía qué iba a pasar. No sabía si él realmente la había perdonado o si solo estaba siendo amable por compromiso.
—Lenna —dijo él, sin girarse.
—¿Sí? —respondió ella, con l