La tarde cayó sobre Madrid con un sol tibio que se filtraba por los ventanales del café favorito de Lenna. El lugar era pequeño, acogedor, con mesas de madera y luces tenues que invitaban a la conversación. El aroma a café recién molido llenaba el ambiente, mezclándose con el de los croissants recién horneados. Lenna llegó temprano. Quería prepararse. Quería ordenar sus ideas. Quería encontrar las palabras exactas para que él entendiera.
El teléfono había sonado una hora antes. Juan Diego, por