Seguí caminando entre los invitados intentando no parecer tan perdida como realmente me sentía.El salón era amplio, elegante y excesivo en todos los sentidos. Las lámparas enormes colgaban del techo como racimos de cristal, la música llenaba el ambiente con una suavidad calculada y los meseros iban de un lado a otro con bandejas llenas de copas, bocadillos y sonrisas educadas. Había demasiada gente. Demasiadas miradas. Demasiados murmullos escondidos detrás de abanicos, vasos de whisky y labios pintados.Yo solo quería encontrar a Julián.Tomé una copa de agua de una bandeja porque el olor a alcohol, perfume caro y humo empezaba a revolverme el estómago. El embarazo seguía haciéndome reaccionar de forma extraña a ciertas cosas y aquel lugar parecía diseñado para marearme.Fue entonces cuando lo vi.Raúl.Estaba apoyado cerca de una columna enorme, de mármol oscuro, observando el salón con esa calma suya que siempre parecía demasiado peligrosa. Llevaba un traje azul marino perfectamen
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