Julián no respondió con palabras. La rigidez de su cuerpo pareció quebrarse en un segundo y, antes de que pudiera procesar la seriedad de su mirada, me tomó por la cintura con ambas manos, jalándome hacia él con una fuerza contenida. Me pegó a su pecho con brusquedad, atrapándome entre el mármol frío de la fuente y el calor sofocante de su cuerpo cubierto por el traje negro.Me besó. Fue un beso cargado de la misma furia y frustración que venía arrastrando desde que nos vio a Raúl y a mí en la pista de baile. Sus labios reclamaron los míos con una desesperación ruda, pesada, que me dejó sin aire en un instante. No había delicadeza en la forma en que su lengua buscaba la mía, abriéndose paso sin pedir permiso, devorándome como si intentara borrar cualquier rastro de otra presencia en mí. Sus manos, grandes y firmes, bajaron desde mis costillas hacia mis caderas, apretando la tela de mi vestido, delineando mis curvas con una posesividad que me hizo soltar un gemido ahogado contra su boc
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