El resto de la mañana transcurrió tranquilo. Almorcé con Leo mientras él me contaba historias absurdas sobre caballos, monstruos y carreras imaginarias que solo existían en su cabeza. Luego pasamos un buen rato en la sala jugando con bloques de madera y pequeños animales de plástico mientras Joanna y la señora Ortega iban y venían organizando la casa.
Ya todo mas apacible. Solo el sonido de Leo riéndose cada vez que destruía las torres que yo construía para él.
Incluso terminé quedándome dormid