CassianAfuera, la lluvia ya no cae. La niebla sí. Más espesa. Más baja. El bosque parece haberse acercado mientras hablábamos, como si hubiera estado escuchando cada palabra y ahora quisiera oler cómo nos quedan dentro.No espero que Lucien comente nada. Por suerte, esta vez tampoco lo hace de inmediato.Avanzamos en silencio.El sendero, que antes parecía un laberinto hecho de voluntad ajena, ahora existe de verdad. Estrecho, oscuro, pero real. Los árboles se apartan lo justo. El suelo deja de repetirse. El arroyo corre a nuestra izquierda como una guía torcida.La salida aparece tan de pronto que por un segundo parece una broma cruel del bosque: una curva, una bajada, y ya estamos fuera del claro de la vieja, otra vez entre árboles menos densos, más cercanos al límite de mis tierras.Lucien rompe el silencio primero.—No te veo muy convencido por la mujer de los huesos.Sigo caminando.—No me interesa estar convencido. Me interesa que Génesis siga viva.—Y el niño.Me detengo.Miro
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