GénesisEl dolor no se va.Solo aprende a esconderse mejor.Después de que la vieja del bosque suelta delante de todos que la criatura que llevo dentro me está devorando por ser humana, nadie vuelve a hablarme igual. Ni Isolde, que intenta conservar su frialdad de siempre mientras me obliga a beber mezclas espesas y me revisa como si mi cuerpo fuera una casa agrietada que todavía puede sostener el techo un día más. Ni Helena, que ahora me mira con la misma vigilancia con la que observaría un campo minado. Ni siquiera Cassian, que no se aparta de mí más de lo necesario y, aun así, cada vez que sus ojos bajan a mi vientre, veo en ellos algo nuevo.No es miedo al niño.Es miedo de perderme a mí.Y eso me rompe más de lo que debería.La torre entera huele a hierbas, cera, agua hirviendo y preocupación. Afuera los guardias cambian de turno con un silencio que se parece demasiado al de un velorio. Adentro, Isolde y la vieja del bosque siguen lanzándose miradas como cuchillos cada vez que un
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