Cassian
—Para que Génesis viva… debe morir el monstruo que lleva dentro.
La frase no se queda en la cabaña.
Se me mete en los huesos.
Se me clava detrás de los ojos.
Se mezcla con la lluvia, con el humo, con el olor de las hierbas viejas y del bosque podrido hasta volverse una sola cosa: una certeza que me niego a aceptar aunque ya la haya oído.
No.
La palabra sigue viva en mi garganta, pero ya no suena como negación. Suena como promesa. Como si al repetirla pudiera obligar al mundo a retrocede