CassianSelene habla entonces.Y la maldigo antes de mirarla.Porque sí, está aquí.La trajeron bajo escolta y la mantuvieron a un lado del salón durante los primeros minutos, silenciosa, hermosa, con el mentón alto y las muñecas libres solo porque todavía nadie se atreve a tratar a una D’Arcy como a una criminal sin una declaración formal. Se ha mantenido quieta hasta ahora, escuchando cómo la mesa gira alrededor de Génesis, del niño, del bosque y de mi paciencia.—Qué conmovedor —dice con suavidad—. No sabía que el consejo se había convertido en capilla para la redención de humanas.No me vuelvo hacia ella de inmediato.La oigo levantarse. Oigo el roce de la seda, el pequeño cambio en la respiración de los consejeros, el interés indecente que les despierta siempre una mujer a punto de envenenar el aire.Cuando por fin la miro, Selene ya está de pie. Blanca y negra al mismo tiempo, elegante como un puñal.—Si tienes algo útil que decir, dilo —gruño.—Claro que lo tengo. —Sonríe apena
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