GénesisDespierto antes que la luz.No sé qué me saca del sueño primero: el calor extraño de una mano sobre mi vientre, el peso firme de un brazo rodeándome la cintura o la certeza absurda de que, por una vez, no estoy sola.Abro los ojos despacio.Las cortinas siguen medio cerradas y la habitación respira en penumbra, con el fuego de la chimenea reducido a brasas rojizas y la lluvia de la noche convertida en un murmullo distante contra los ventanales. Estoy acostada de lado, con la espalda pegada al pecho de Cassian. Su cuerpo es frío, sí, pero no como el hielo muerto de una tumba. Es un frío vivo, reconocible, el mismo que ya he aprendido a asociar con él. La misma contradicción imposible que, anoche, dejó de asustarme tanto.Mi garganta se aprieta.Porque todo vuelve de golpe.Su boca sobre la mía.Sus manos sosteniéndome con una ternura que no le conocía.La forma en que me preguntó si quería que se detuviera.La forma en que no quise que lo hiciera.Mi respiración cambia, más por
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