Génesis
El dolor baja, pero no desaparece.
Solo cambia de lugar.
Antes era un fuego brutal que me recorría el cuerpo como si me estuvieran quemando la sangre desde dentro. Ahora es algo más traicionero. Más silencioso. Una presión sorda detrás del pecho, una debilidad pegada a los huesos, un cansancio que no se parece al sueño sino al miedo.
Porque sigo aquí.
Respirando.
Con el niño latiendo dentro de mí.
Pero cada vez que cierro los ojos, la misma idea me muerde por dentro.
Y si esta vez sí me