GénesisCassian se queda inmóvil en la puerta mientras la sangre de la vampiresa sigue goteando desde la daga que sostengo.La habitación parece respirar a tirones.El viento entra por la ventana abierta, mueve las cortinas, enfría el sudor pegado a mi nuca y esparce por todas partes el olor metálico de la sangre. En el suelo, la mujer de la casa D’Arcy no vuelve a levantarse. Sus ojos siguen abiertos, fijos en el techo, congelados en una sorpresa que ya no le sirve para nada.Mi brazo izquierdo arde.No es una herida profunda, pero sí lo bastante larga para recordarme que, hace menos de un minuto, esa mujer intentó abrirme la piel como si yo no fuera nada más que un recipiente con piernas.Y lo peor es que no me tiembla la mano por ella.Me tiembla por Cassian.Por la forma en que me mira.Por la furia que le ennegrece los ojos cuando ve la sangre, el cadáver, la frase escrita en la pared y después a mí, todavía de pie, todavía respirando, todavía aferrada a la daga como si soltarla
Leer más