CassianNo la suelto.No de inmediato.Selene ya se ha ido del balcón, pero su voz sigue colgando en el aire como una amenaza envuelta en seda.Tu debilidad.La palabra me revienta dentro con una violencia que no le permito ver a nadie. Mucho menos a Génesis, que sigue entre mis brazos, con una mano sobre el vientre y la respiración todavía alterada por la reacción del niño.La sostengo con una mano firme en la cintura y otra en el brazo, lo bastante fuerte para estabilizarla, lo bastante cuidadoso para no asustar más al heredero. Puedo sentirlo. El vínculo vibra entre los tres como una cuerda demasiado tensa. Él sigue despierto. Alerta. Aferrado a ella… y a mí.Eso no debería importar.Pero importa.Bajo la vista a Génesis. Tiene el rostro pálido, el pecho subiendo y bajando demasiado rápido, los ojos clavados en el lugar por donde Selene desapareció. No hay lágrimas. Hay rabia, humillación, miedo contenido. Y debajo de todo eso, una terquedad que ya conozco demasiado bien.—Respira
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