GenesisCuando despierto, la habitación está bañada por una luz suave de mañana.Mi primer pensamiento no es dónde estoy.Es dónde está él.Abro los ojos despacio. Mi cuerpo recuerda antes que mi cabeza: el frío de su pecho, su brazo rodeándome, la mano acariciando mi vientre, la frase absurda que todavía me arde en la memoria.Pero la cama está vacía.Fría en el lado donde debería estar.Parpadeo, molesta conmigo misma por la decepción ridícula que me golpea antes incluso de sentarme.—Claro —murmuro—. Porque no podía durar.Me incorporo despacio. El niño está tranquilo. La mañana también. No hay gritos, no hay sangre, no hay amenazas escritas en la pared. Solo el rastro de Cassian todavía pegado a las sábanas, burlándose de mí.Golpean la puerta.No espero respuesta. Seguro es Helena.—Pasa.Entra con una bandeja de desayuno y la misma cara de siempre: seca, contenida, insoportablemente serena.Deja la bandeja sobre la mesa junto a la ventana. Té, pan, fruta, algo caliente que huele
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