Cassian
Génesis se duerme en mis brazos como si el mundo, por una vez, no estuviera intentando arrancarle algo.
La siento aflojarse poco a poco contra mi pecho. Primero la tensión en los hombros. Luego la rigidez de las manos. Después esa respiración suya, que al principio viene rota por el miedo y el cansancio, y que termina encontrando un ritmo más lento mientras mi mano sigue sobre su vientre y el niño responde con pulsaciones suaves, casi perezosas, como si incluso él aceptara este pequeño