Génesis
El dolor no llega.
Explota.
Me parte por la mitad con una fuerza tan brutal que por un segundo olvido cómo respirar. No es como las otras veces. No es la fiebre que sube y me quema. No es la presión sorda que me roba fuerzas. Esto es otra cosa. Esto baja desde la espalda, me atraviesa el vientre y me deja temblando sobre las sábanas de la torre mientras el aire se me rompe en la garganta.
—¡Cassian! —no sé si lo grito o lo suplico.
Él ya está aquí.
Lo sé antes de verlo porque el niño re