CassianDespierto en el mismo segundo en que el vínculo cambia.No es el niño.No es Génesis.Es algo que se engancha a los dos como una garra invisible.Abro los ojos y ya estoy incorporándome antes de entenderlo del todo. La habitación sigue envuelta en sombras suaves, con la chimenea reducida a brasas y el aire todavía cargado con el olor de Génesis, de nuestra piel mezclada, del calor reciente entre las sábanas. Ella también despierta, alarmada, el pulso disparándose bajo mi mano antes incluso de que me mire.—Cassian.No responde a una pesadilla. Responde a lo mismo que yo.El niño, en la cuna junto a la cama, empieza a llorar.No es hambre.No es sueño.Es una protesta aguda, furiosa, de una claridad que me hiela la sangre.Me levanto de inmediato. Cruzo hasta la cuna y lo tomo en brazos. En cuanto mi mano toca la manta que lo cubre, siento el latido de la marca bajo su pequeña piel. No la veo completa, pero la noto. Como una vibración oscura, tensa, llamando a algo que contesta
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