La tensión no desapareció cuando nuestras miradas se separaron, se transformó, se volvió más silenciosa, más contenida, como si ambos hubiéramos entendido que lo que estaba ocurriendo ya no necesitaba exhibirse para existir, y durante el resto de la mañana me moví dentro de la casa con una conciencia distinta, más alerta, más incómoda, sintiendo cada espacio como si guardara ecos de lo que había pasado y de lo que, inevitablemente, iba a pasar si seguíamos orbitando de esa manera, tan cerca, tan expuestos a algo que ninguno parecía dispuesto a cortar del todoIntenté mantenerme ocupada, aferrarme a cualquier cosa que tuviera una estructura clara, algo que no dependiera de emociones ni de impulsos que ya no controlaba con la misma facilidad, pero era inútil, porque incluso en los momentos más simples, en los gestos más cotidianos, su presencia seguía ahí, constante, no siempre visible, pero imposible de ignorar, como una sombra que no necesitaba proyectarse para sentirseNo lo busquéP
Leer más