El giro del pomo no fue rápido ni violento, fue lo suficientemente lento como para que el tiempo se volviera incómodo, como si cada milímetro de rotación estuviera siendo medido dentro de la habitación con una precisión deliberada, casi quirúrgica, y esa lentitud, lejos de tranquilizar, fue lo que terminó de tensar el aire hasta un punto en el que incluso respirar parecía una decisión consciente.
Jake no apartó la mirada de la puerta, pero su cuerpo cambió sutilmente, apenas perceptible, como s