El pomo siguió girando con una lentitud casi deliberada, como si quien estuviera al otro lado no tuviera prisa porque ya hubiera calculado cada posible reacción dentro de la habitación, cada respiración, cada microgesto de defensa o pánico, y esa certeza invisible fue más violenta que cualquier irrupción física, porque convirtió el espacio en algo observado desde antes, en algo que ya había sido leído mientras nosotros apenas comenzábamos a entender que estábamos siendo leídos a la inversa, y c