El teléfono de Jake no volvió a vibrar, pero el daño ya estaba hecho, porque ese único pulso electrónico había cambiado el aire de la habitación de una forma irreversible, como si hubiera introducido una fisura invisible en la estructura de lo que hasta ese momento aún podía sostenerse con cierta ilusión de control, y ahora todo parecía ligeramente inclinado hacia un lado que ninguno de los dos estaba dispuesto a nombrar en voz alta.
No lo vi desbloquear la pantalla de inmediato, pero sí vi el