Dormí, pero no descansé. No fue un sueño real, fue una caída intermitente en imágenes que no lograban sostenerse, fragmentos donde su voz aparecía demasiado clara, donde su cercanía se repetía con una precisión incómoda, donde ese momento detenido volvía una y otra vez como si mi mente se negara a soltarlo, como si necesitara entender algo que aún no lograba nombrar. Cuando abrí los ojos, el cuerpo me pesaba de una forma distinta, no por cansancio físico, sino por esa tensión acumulada que no se había disipado, que seguía ahí, instalada, latente, como si todo lo que había ocurrido la noche anterior no hubiera terminado realmente, como si solo hubiera cambiado de escenario.Me quedé unos segundos mirando el techo, en silencio, escuchando la casa, esperando ese vacío que normalmente traía algo de calma, pero no llegó. Lo que llegó fue otra cosa. La conciencia inmediata de que él estaba ahí. No lo veía, no lo escuchaba, pero lo sabía con una certeza que me incomodó más de lo que estaba d
Ler mais