El pasillo se sintió más largo de lo habitual mientras seguía a mi madre, no por la distancia sino por la presión que se acumulaba con cada paso, como si el aire mismo se volviera más denso, más consciente de lo que acababa de ocurrir y de lo que había sido interrumpido en el último segundo, y aunque mi cuerpo avanzaba, una parte de mí seguía atrás, anclada en ese instante suspendido donde todo había estado a punto de cruzar un límite que ya no podía fingirse intacto
Entré en su despacho sin de