El aire después de su advertencia no volvió a ser aire en el sentido normal de la palabra, se convirtió en una sustancia más densa, más lenta, como si la habitación hubiera perdido la capacidad de oxigenarse correctamente y todo lo que quedaba dentro de ella estuviera obligado a permanecer, a acumularse, a presionar contra la piel con una constancia silenciosa que no necesitaba movimiento para resultar inquietante.
Jake no apartaba la mirada, y en ese gesto había algo distinto a los anteriores,