El disparo no solo rompió el silencio, lo desfiguró, lo convirtió en algo irreconocible que se expandió por el salón como una grieta que ya no podía cerrarse, y durante un segundo suspendido, demasiado breve para pensarlo pero lo suficientemente largo para sentirlo, todo quedó detenido en una tensión insoportable donde nadie respiraba del todo, donde cada cuerpo parecía decidir si reaccionar o fingir que nada había cambiado, hasta que el segundo sonido llegó, más cercano, más crudo, y entonces la ilusión terminó de caer sin elegancia, sin control, arrastrando consigo cada máscara cuidadosamente sostenida hasta ese instante.No hubo gritos inmediatos, no caos desordenado, lo que hubo fue movimiento, preciso, entrenado, casi coreografiado en su violencia, figuras desplazándose con una rapidez que no tenía nada de improvisada, manos que encontraban objetivos antes de que la mente alcanzara a procesarlos, y en medio de ese quiebre que ya no podía disimularse, Jake me arrastró apenas hacia
Ler mais