Podía mentirle a cualquier persona, podría mentirle a Raúl, incluso podría mentirle al mismo Mauricio, pero no podría mentirme a mí misma.No podría mentir que cuando vi que los labios del hombre se acercaban peligrosamente a los míos, en vez de alejarme — porque tuve la oportunidad — , entrecerré los ojos esperando el beso y lo recibí.Lo recibí cálidamente, anhelante, y fue tan diferente a lo que alguna vez había llegado a sentir.Las veces que yo besaba a Brian, yo estaba enamorada de él, pero él no estaba enamorado de mí y aquello podía sentirse en sus besos. Yo no estaba enamorada de Mauricio ni él tampoco de mí, pero sentí en ese beso una conexión inexplicable que no había llegado a sentir con nadie.Todo desapareció alrededor: la música de fondo, el olor de la leña quemándose en la chimenea, incluso la percepción de mi propio cuerpo.No lograba sentir nada más allá de los calientes labios de Mauricio sobre los míos, del sabor de su saliva a vino tinto, del olor de su piel, de
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