La limusina se detuvo frente a la enorme mansión.Observé desde el asiento a través de la ventana; había vivido tantos momentos horribles en esa casa que me parecía absurdo que no hubiera cambiado absolutamente nada a pesar del tiempo.Los arbustos podados de la misma forma, la fuente reseca y llena de lama... todo seguía exactamente igual que en mis pesadillas.Mauricio se bajó y abrió la puerta como todo un caballero.Me pidió que le diera la mano, dudé un momento, pero al final lo hiceEn cuanto su calidez se fundió con la mía, sentí un terrible escalofrío. — Mauricio — le dije, advirtiéndole.Porque no quería que el hombre malinterpretara la situación, no quería que de verdad llegara a pensar que en serio yo quería acostarme con él.Cuando el hombre notó que dudaba en entrar a la casa, apretó con fuerza su mano contra la mía. — Velo como una pequeña victoria — comentó, sonriendo — . Esto es un trato comercial, pero ¿quién dice que no podremos divertirnos en el proceso? — No p
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