La noche era tranquila, y el silencio envolvía la habitación como un manto pesado. Nyxara se encontraba durmiendo profundamente, su cuerpo relajado bajo las sábanas, mientras Vaelior descansaba a su lado, su respiración acompasada y suave. Pero la calma no logró durar mucho, porque el sonido del teléfono rompió la quietud, su vibración insistente resonaba en la masita de noche como un eco que parecía demasiado fuerte para la hora. Y Nyxara se limitó a abrir los ojos lentamente, su mente aún permaneciendo atrapada entre el sueño y la realidad, mientras que Vaelior empezó a incorporarse de manera inmediata, su cuerpo tenso, y su expresión alerta. —¿Qué sucede? —susurró ella, su tono bajo y cargado de cansancio. Vaelior no contestó de inmediato. Solo agarró el teléfono y observó la pantalla, mientras su mandíbula empezaba a apretarse apenas antes de deslizar el dedo para atender la llamada. —Draeven —dijo, manteniendo su voz firme pero contenida, como si intentase mantener la conversa
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