Las lágrimas nublaban mi visión, haciéndome mirar a Vaelior como una sombra difusa, un reflejo borroso de lo que hace tiempo pensaba que era. Pero que ya no importaba, porque no tenía que mirarlo con claridad. Ya que por primera vez en demasiado tiempo, lo veía realmente.
Solté sus manos detenidamente, ya que el peso que había entre nosotros se sentía por todo el aire y la presencia abrumadora de todo lo que jamás se dijo también. Y luego, las palabras que se encontraban guardadas muy dentro d