Capitulo 1

POV:

...|| Nyxara Valthren ||...

 

...Lo que nunca fue...  

 

Algunos dicen que el amor llega sin avisar, que te despiertas un día y simplemente te das cuenta de que aquella persona es tu destino. Lo gracioso es que, en mi caso, nunca sucedió un despertar. Solo fue un estúpido sueño el cual no supe distinguir de la realidad.

 

Vaelior Draeven se presentó en mi vida como una tormenta elegante, una de aquellas que no te destruyen al instante, pero que si te dejan marcas imposibles de borrar. Por que cuando lo conocí, todo de él me parecía algo hecho a medida de mis fantasías—su presencia era firme, su voz era una de aquellas que tenia una profundidad tan cautivadora que te hacía temblar y su mirada... su mirada solo era una de las tantas trampas, más cruel de todas.

 

Porque el me miraba como si me viera. Como si realmente me viera.

 

Y ese tan solo fue mi primer error.

 

El segundo de ellos fue amarlo.

 

Porque tarde me di cuenta de que no era la mujer que él había elegido. Si no, que solo fui la única que podía estar ahí cuando a la que él realmente amaba no podía estarlo. Un reflejo. Un estúpido reemplazo. Un cruel engaño disfrazado de romance.

 

Pero al comienzo, oh, al comienzo, todo era tan fácil de creer.

 

Todos nuestros días eran extensos pero llenos de pequeños detalles que hacían que mi pobre corazón se creyera algo más grande que la realidad. Cuándo caminábamos por las calles sus manos siempre descansaban en mi cintura, podía escuchar su risa a media luz cuando nos centrabamos en hablar de todo y nada, y la más cruel de todas, era el simple hecho de escucharlo murmurar mi nombre de una manera que lo hacía tener un significado especial. Nyxara, como si en tan sólo pronunciarlo lo hiciera olvidar que tan solo era una patética versión imperfecta de un recuerdo.

 

No sé en qué ocasión empezaron a llenarnos los incómodos silencios.

 

Quizás siempre habían estado ahí, escondidos bajo la triste ilusión de que el me amaba, bajo la esperanza de que algún día, sin advertencia, lo haría de verdad.

 

Pero no, porque el amor, el real, no viene con fecha de vencimiento. Pero el nuestro sí.

 

Y todo esto empezó por una fotografía.

 

Fue una noche, después de terminar la cena, después de llenarnos de besos suaves que ya hace tiempo se sentían ensayados, su teléfono se encontraba sobre la mesa, brillando, con la pantalla vislumbrando un rostro que ni siquiera era el mío.

 

El rostro de ella.

 

Una mujer de piel pálida, con unos labios finos, pero de mirada intensa. Y Dios... Dios, era tan idéntica a mí. Demasiado idéntica.

 

Mi corazón no sabía cómo reaccionar, solo se encogió dentro de mí, y mi mente solo buscaba excusas inocentes de como explicar lo que veía en ese instante. Tal vez una amiga. Tal vez una ex. O quizás nada que estuviera relacionado conmigo.

 

Pero después, vaelior ingresó en la habitación, vio la pantalla de su teléfono, luego observó mi expresión. Y su reacción ya lo había dicho todo.

 

Se paralizó.

 

No por estar sorprendido. Ni por incomodidad. Ni siquiera por duda.

 

Sino porque, por primera vez en nuestra vida, no existía una manera de huir de la realidad.

 

La realidad de que nunca fui su elección. Sino que solo fui un patético reemplazo.

 

En ese instante comprendí que el amor no es algo que siempre llega sin avisar.

 

Si no que a veces, el engaño lo hace primero.

 

...|| El Comienzo ||...

 

El reloj que se encontraba en la cocina marcaba las 9:47 p.m.

 

Las velas aún permanecían encendidas, mientras temblaban con el apenas perceptible, susurro del viento, creando extensas sombras sobre la mesa perfectamente preparada. Dos platillos cuidadosamente servidos, una botella de vino sin destapar, y un gran ramo de lirios—los que él tanto le decía que le gustaban, aunque en ninguna ocasión los traía a casa.

 

deslicé mis dedos sobre el mantel, mientras sentía su tejido áspero bajo mis manos, quería distraerme de la espera, y de la creciente duda que comenzaba a instalarse en mi pecho. Porque no quería preocuparme. Él solo se retrasó. Solo se había ocupado. Solo....

 

Pero no, no debería de estar pensando de esa manera. Porque este era nuestro aniversario.

 

Tres años.

 

Tres malditos años desde el momento en el cual Vaelior se plantó ante mí y tomó mi mano, haciéndome creer que este amor sería algo duradero. Tres años desde que me hizo la promesa de que estaríamos juntos para siempre, porque éramos una lección correcta. Y yo todavía lo seguía creyendo.

 

Agarré el borde de la servilleta entre mis dedos y lo apreté con fuerza. 9:53 p.m.

 

No quería revisar el teléfono. Porque si miraba, si me limitaba a observar los mensajes, significaba que estaba aceptando algo obvio: que Vaelior no estaba regresando a casa. Que a él no se le había olvidado la hora, si no que cruelmente él ni siquiera se encontraba pensando en mí.

 

Y en ese momento el aire en el comedor empezaba a sentirse más pesado. Mientras los silencios empezaban a llenarse como plomo sobre mis hombros.

 

Quizás debería llamarlo. Quizás solo tendría que escuchar su voz para poder tranquilizarme.

 

Agarré mi teléfono y opte por desbloquear la pantalla. Y al hacerlo en ella no vi ni un mensaje. Ni una llamada. Ninguna excusa. Y mis dedos solo temblaron sobre ella al mirar la hora. 9:58 p.m.

 

Y entonces marqué su número. La línea solo sonó una vez. Después otra y luego otra vez más. Mi corazón solo podía latir más rápido en ese momento, era como si dentro de mí algo ya me estuviera gritando la repuesta antes de siquiera escucharla.

 

Entonces, sonó un clic y luego su voz.

 

—¿Qué sucede?

 

Mi boca se quedó abierta, y mi garganta se sentía seca, mientras mis pensamientos empezaban a tropezarse unos con otros. Porque en ese instante Vaelior no se escuchaba para nada, a alguien que había olvidado su aniversario. Tampoco se escuchaba como alguien que sonaba apresurado por regresar a casa.

 

Sé escuchaba molesto.

 

—Solo... —tragué saliva—. ¿Vas a volver?

 

Pero solo se pudo escuchar un silencio incómodo al otro lado de la línea y después un suspiro cansado.

 

—Estoy ocupado, Nyxara.

 

Fueron dos palabras, solo esas dos palabras, pero que fueron las suficientes para hacer que mi pecho se hiciera más pequeño.

 

—Pero es nuestro aniversario —susurré, sintiendo el amargo peso de la confesión en mi lengua.

 

Y luego se escuchó otro silencio. Más largo. Más incómodo. Y después obtuve su respuesta.

 

—Ah.

 

Ah. Esas fueron sus palabras, tan crueles que sonaban como si solo fuera una estúpida interrupción en su entretenida noche. Como si esto no era más que un dato irrelevante.

 

Y en cuestión de segundos, la sala se sentía más vacía de lo que ya estaba. Y la mesa cuidadosamente servida se había vuelto un recordatorio cruel de mi ingenuidad, de mi espera inútil.

 

Las velas aún seguían endendidas. Pero la luz en ellas ya no se sentían, ni parecían cálidas.

 

—No te quedes esperándome —comentó Vaelior, con una notable indiferencia en su voz que me destruyó mucho más que cualquier grito—. Te veo después.

 

Y la llamada terminó. Porque en ese momento no habían explicaciones, no había arrepentimiento y no existía un él.

 

El teléfono seguía en mi mano cuando lo dejé caer encima de la mesa, al lado de los platos intactos y junto al vino que aún no se abriría.

 

Y la aguja en el reloj finalmente marcó las 10:06 p.m. Y por primera vez en mi vida, empecé a preguntarme si realmente éramos lo que yo creía que éramos.

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