Capitulo 5

...El Limite...

Las orquídeas aún permanecían encima de la mesa, pero no por mucho. Eriska las miró con el ceño frucindo y después se limitó a agarrarlas con ambas manos, como si se tratara de un objeto maldito, como si fueran la representación de algo que debía perecer.

—No se que estabas esperando sentir al tener esto aquí —me reprochó, manteniendo su voz seria.

Pero yo no contesté. Porque realmente, yo no buscaba sentir absolutamente nada. Las orquídeas solo habían estado ahí, siendo testigos silenciosos de algo que hace tiempo que ya no tiene sentido. Y Eriska solo optó por inhalar hondamente antes de darse la vuelta hacia la puerta, agarrando con fuerza las orquídeas.

Pero antes de irse, se detuvo por unos segundos, echándome una ojeada por última vez.

—No necesitas pruebas para saber que alguien te ama—pronunció con su voz apenas un murmullo —. Solo necesitas sentirlo. Y si tienes que cuestionarlo... entonces ya tienes tu respuesta.

Y después de decirme aquellas palabras, solo se fue. Y las orquídeas se perdieron con ella. Pero el dolor de mi pecho aún persistía ahí. En estos momentos solamente podía recostarme en la cama, con mi vista perdida en el techo. Porque no me encontraba con fuerzas para pensar, realmente no tenía fuerzas para hacer nada.

Solo me encontraba allí. Y el aire en la habitación se había vuelto tan sofocante que sentía que me podía ahogar con él, en el silencio, en la decepción. Y fue en ese preciso momento en donde lo sentí. Como rozaban levemente mi brazo con un contacto que me resultó demasiado familiar pero que no tenía que estar aquí.

Vaelior.

Había regresado a casa más temprano, pero esta vez, no podía sentir nada, ni alivio, ni dolor. Ni siquiera esperanza. Sólo vacío.

—¿Qué te sucede? —inquirió, manteniendo su voz neutra.

No contesté, tampoco lo observe. Ni siquiera pestañee. Porque solo podía permanecer en silencio y él solo suspiro con una impaciencia notable. Luego se dio la vuelta por la habitación, mientras recorría cada espacio y cada rincón con la mirada, como si estuviera buscando algo.

Y claro que buscaba algo. Estaba buscando las flores.

—¿Qué sucedió con las orquídeas? ¿En dónde están? —preguntó.

Mi voz solo pudo salir como un eco vacío.

—Eriska se las llevó.

Vaelior frunció el ceño al escuchar mis palabras y su expresión se endureció.

—¿Por qué rayos lo hizo? Esas flores eran tuyas.

Sin alguna expresión, sin emocionarme y sin limitarme a verlo, solo pude responderle con la única verdad que realmente importaba :

—Porque soy alérgica a las orquídeas.

Y el silencio que se instaló entre nosotros, se volvió tenso. Al principio, él no se inmutó, pero después, dejó salir una risa seca, corta y sin humor alguno.

—Por Dios, Nyxara, ¿Es enserio que estas montando todo este drama por unas estúpidas flores?

Yo no me moví, tampoco le contesté, porque en estos momentos mi cuerpo había empezado a arder de otra forma.

—Sí tan sólo buscabas mi atención, podías haber ingeniado otra manera de conseguirla —prosiguió, manteniendo una indiferencia en su voz que me perforaba el alma —. No tienes porqué acudir a estos métodos tan bajos.

No podía respirar, porque mi respiración se había vuelto profunda, más pesada y a la vez furiosa. Pero decidí seguir sin mirarlo, hasta que ya no podía seguir aguantando más. Así que, me puse de pie de golpe, la rabia carcomiéndome por dentro como un volcán en estado de destrucción.

—¿Incompetencia? —escupí aquellas palabras con toda la furia que sentía—. ¿Atención?

Vaelior me observó con sorpresa, porque realmente él no esperaba que tuviera una reacción y ya era muy tarde para evitarlo. Me aproxime hacia él, mi tono sonando ahora mucho más fuerte, más duro y más frío.

—Para ti soy tan invisible y tan insignificante que ni siquiera puedes recordar que soy alérgica a las malditas orquídeas.

Él solo pudo abrir la boca para hablar, pero no le permití siquiera intentarlo.

—¿Te gustaría saber lo que sucedió después de que mantuve el contacto con ellas? —prosegui, cada palabra saliendo más cortante qué la otra—. ¿Quieres que te cuente todo lo que tuve que soportar sola porque tú, con tu estúpida "ocupación", no te molestaste en notar nada?

Vaelior no contestó y mucho menos se disculpó. Así que solo continue.

—Tuve una reacción alérgica. Me ardía toda la piel. Y el aire me hacia falta. ¿Sabes lo que se siente eso? ¿Tan siquiera sabes lo que es eso? ¿Sabes lo que se siente no poder respirar por algo que se suponía que supuestamente debía ser un regalo?

Podía verlo apretar su mandíbula y no lo hacía porque le dolia lo que yo decía en estos momentos. Sino porque el no quería lidiar con ello, lo podía ver en su expresión, en su postura rígida y su mirada intensa. Porque a Vaelior no le importaba nada de lo que había sucedido, lo único que realmente le importaba era que lo estuviera gritando en voz alta.

Y eso... eso era lo único que se había encargado de destruirme. Opte por tragar saliva, mientras sentía el ardor volver hacia mis ojos. Pero no iba a llorar, no delante de él. No está vez.

Solo pude respirar hondamente antes de escupir la última verdad que quedaba entre nosotros.

—¿Sabes por qué no te lo conté cuando me las entregaste?

Vaelior no pronunció nada. Porque la verdad era que ya no tenía que hacerlo.

—Porque no quería arruinar el momento —susurre, mi voz saliendo fría y carente de emoción.

Lo miré, queriendo ver alguna reacción por su parte, pero ni siquiera hubo nada, solo silencio, solo su silencio, su indiferencia y su ausencia, estando ahí presentes. Y fue ahí cuando lo entendí, lo supe con mucha certeza, que ya entre nosotros no quedaba nada.

El silencio que se había asentado entre nosotros se volvió insoportable y Vaelior aún permanecía de pie, observandome, esperando algo. Tal vez una disculpa. Quizás una corrección o cualquier intento desesperado de suavizar lo que acabada de decir.

Y lamentablemente no quedaba nada que corregir y nada que podía hacer para suavizar nuestra situación, porque hasta la fecha, todo lo que había dicho era la verdad y eso era algo que él ya sabía, pero que en vez de asumirla, de siquiera detenerse tan solo un instante a pensar en lo que implicaba, solo decidió que yo era el problema.

—Nyxara... —empezó a hablar, su voz ahora más baja, pero eso no la hacía menos indiferente —. No comprendo por qué tienes que comportarte de esta manera.

Y yo solamente pude dejar escapar una risa seca, carente de humor y sin alma.

—¿No lo comprendes? —le repetí, con un tono cortante —. ¿No comprendes el porqué me estoy comportando de ese modo?

Él me observó con una expresión de irritación en su rostro, era como si en su versión yo solo estuviera exagerando, como si mi sufrimiento solo fuera una interrupción innecesaria en su rutina. Siempre había sido así. Porque yo siempre había sido una carga para él. No su amor, no su elección. Sólo un estorbo, una molestia. Y en ese momento solo podía cerrar los ojos por unos segundos, mientras sentía la ira mezclarse con una tristeza que yo no sabía cómo explicar con palabras y cuando volví a abrir los ojos, lo observé de frente, sin temor y sin arrepentimiento.

—Me olvidaste, Vaelior.

Al escuchar mis palabras él solo frunció el ceño.

—¿Qué estás diciendo?

—Me olvidaste.

No lo decía en el sentido físico. Ni porque hubiera desaparecido de su vida. Sino porque él me olvido porque nunca me conoció y tampoco me vio realmente. Porque cada detalle por más pequeño que fuera, cada pequeña cosa que me hacía sentir que yo fuera yo, nunca habían sido grabadas en su mente.

—No entiendo que estas esperando de mi —contestó con frialdad —. No encuentro la manera de descifrar que buscas desmotrar con todo esto.

Mi tono se volvió más bajo, más cruel, más real. —No estoy esperando nada —murmuré —. Porque realmente ya no hay nada que pueda esperar.

Vaelior solo abrió la boca para contestar, pero yo no le permití hacerlo, porque ya había acabado, porque las palabras ya no tenían peso y nuestras discusiones ya no explicaban nada, porque las explicaciones se habían vuelto inútiles y yo ya había tomado mi decisión.

Él permanecía ahí, aguardando alguna señal que le dijera que esta pelea acabaría como siempre, con un bostezo pesado por mi parte y con una tregua silenciosa que no resolvería nada. Pero en esta ocasión, no lo haría, esta vez, no me quedaría guardando silencio.

Así que hice lo que mi corazón me pedía con tantos gritos y lo observé fijamente, mientras sentía cómo mi corazón empezaba a latir con fuerza, no de miedo, no siquiera de rabia, sino con una verdad que ya no podía seguir ignorando, entonces, sin esquivar su mirada, lo dije.

—Quiero el divorcio.

Mis palabras le cayeron como un balde de agua fría y Vaelior no pudo hacer más que tambalearse, su cuerpo apenas podía retroceder unos cuantos pasos, mientras que sus ojos se abrieron debido al shock.

—¿Qué?

Su voz no fue fría, no en esta ocasión. Esta vez sonaba rota, incrédula.. Y... aterrada.

—No... —susurró, sacudiendo su cabeza de un lado a otro—. Como puedes decir algo así.

Lo pude ver en su mirada, en su expresión desespera, también en el leve temblor entre sus manos. Porque Vaelior no estaba entrenado para esto, porque en su pequeño mundo, yo siempre iba a estar ahí. Yo nunca me iba a ir. Y en estos momentos... eso estaba haciendo. Y antes de que intentara irme, Vaelior reaccionó y se abalanzó hacia mi, acortando nuestra distancia apenas unos cuantos segundos y luego me abrazo fuerte. Fue tan fuerte que sentía que perdía el aliento.

—No debemos divorciarnos—murmuró entre mi cabello, manteniendo su agarre desesperado, tembloroso—. No me hagas algo así.

Mis manos se mantuvieron rígidas a mi lado, porque yo no le correspondí a su abrazo y tampoco hice ningún movimiento. Pero Vaelior era un hombre que no conocía la palabra rendirse.

—Te necesito —pronunció, mostrando su voz quebrada por primera vez —. Nyxara, te lo pido.

Cerré mis ojos al escucharlo decir aquellas palabras, porque la verdad era que el tono de súplica en su voz me tentaba a querer creerlo. Su voz por un segundo, sonaba real, pero cruelmente, ya habí susurréido que con Vaelior, las palabras no eran suficientes y sólo eran eso ¡palabras!.

—No me amas— susurre, sin emoción alguna.

Vaelior se levantó apenas lo suficiente para poder observarme a los ojos.

—Sí te amo.

Las palabras se escabulleron de su boca apresuradas, como si pronunciarlas llegaría a cambiar las cosas, como si fueran un hechizo capaz de revertir el daño, como si al solo decirlas pudiera borrar todo el dolor que había causado. Pero no se podía, no después de todo lo que había hecho y simplemente lo observé sin parpadear.

—¿Desde cuándo?

Él solo pestañeo, confundido.

—¿Qué?

Respiré pausadamente tomándome El tiempo para volver a repetirlo.

—¿Desde cuándo me amas?

Al escuchar mi pregunta Vaelior se inmutó y su rostro pareció tensarse, porque la respuesta estaba clara y él no tenía ninguna. No podía contarme el día, el momento, ni la razón. Porque no existían y quizás, nunca lo habían hecho.

Él simplemente apretó sus labios, y eso solo hacía que su desesperación se volviera más visible con cada reacción, en cada inhalación espesa y en el pánico que al final no hacía más que solo romper su máscara de indiferencia.

—Te lo ruego— murmuró por segunda vez, mientras bajaba la mirada —. No me abandones.

Pero sus palabras, aunque desgarradoras, no fueron suficientes y él lo tenía claro. Lo podía sentir en mi postura, en el silencio que me recorría y en mi decisión que ya estaba tomada.

Así que él no podía decir nada más y solo me observó manteniendo una súplica muda en sus ojos, pero para él ya era demasiado tarde.

Sigue leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la APP
Explora y lee buenas novelas sin costo
Miles de novelas gratis en BueNovela. ¡Descarga y lee en cualquier momento!
Lee libros gratis en la app
Escanea el código para leer en la APP