—Yo te amo, Melissa —le indicó, seguro—. Ya conocí del amor, y no sería justo negártelo, pero te puedo asegurar que este amor hacia ti es genuino, es noble, es luminoso, es tuyo. Solo tuyo, colibrí —ella sollozó ante él—. Viví muchas primeras veces con Imane, y tú viviste muchas primeras veces conmigo. No voy a borrar lo que entregué, no puedo, pero sí voy a atesorar lo que me has entregado, lo que ha sido mío.—No puedo competir con ella.—Es que no quiero que lo hagas, mi amor. Melissa, tú me has conquistado… —a ella le tembló el mentón—. Pusiste luz en los rincones donde, después de ese atentado, quedó solo oscuridad. Llevarte de mi mano, saberte mi pareja, mi esposa, mi mujer… —negó—. No se compara, no lo hace, ni siquiera con lo que ya tuve en el pasado.—Lo siento, Ares —ella apenas pudo susurrar—. Lamento lo que viviste. Lo que sufriste, lo que… —solo negó—. Dios… perdiste a tu esposa, a tu bebé no nacido y… —sus dos manos pasaron a su vientre—. Por favor, abrázame…Sin dudarlo
Leer más