Angelina terminó colgando la llamada, cargada de nervios y temblores. Su piel yacía erizada, su mirada desorbitada, con esos grandes ojos abiertos. Avanzó, casi dando traspiés, hacia la zona de la terraza de su casa, pero aun con la noche cubriendo su cuerpo, consumiendo su figura, anduvo por ese camino de losetas que la llevó hasta la casa de huéspedes, la cual, al abrir, le dio una bocanada de aire que necesitó buscar porque sentía que se ahogaba.Desesperada, la dama se encaminó a esa habitación que yacía con el seguro puesto, pero, de la cadena que nunca salía de su cadera, tomó la llave que usó para abrir la misma, encerrándose con sus fantasmas, con sus recuerdos, con las pertenencias de quien en vida fuera Melissa Kingswell, la madre de Melissa Halloway. Aunque lo poco que quedaba de ella en ese lugar había ido desapareciendo con los años, aún se conservaban algunas pruebas que los comprometían por ese homicidio culposo que, en esa misma habitación, se vivió.Tomó la fotografía
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