cap.287

Cuando notó las dos manos grandes elevadas hacia ella, en esa señal de calma, de ruego y hasta de petición de paciencia, sus ojos dorados, que sentía secos, se clavaron en el anillo de banda gruesa y de oro que adornaba la mano grande de su esposo. Su mandíbula se mantuvo tensa mientras le pedía a su cuerpo mantenerse ahí y al caos de su mente guardar silencio, porque estaba segura de que iba a perder la cabeza, iba a terminar gritando como lo hacían las voces en su interior.

El paso que él dio
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