Cuando se puso de pie, Kimmy también lo hizo. En ese momento, los dos guardaespaldas notaron lo mismo y también se pusieron de pie.—Meli, no. No te vayas —pidió Zane, viendo a Mariam, a quien solo le negó con la cabeza—. Vamos, apenas llevas como una hora. Mariam, por favor…—Ay, ¿y a mí qué me dices, Zane? Por favor ustedes. Tú y Federico andan como si fueran unos malditos perros falderos, oliéndole el culo a la adoptada —Melissa solo negó, viendo a Zane a los ojos—. A mí no me interesa que seas Halloway, Ravage, o el apellido de tu asquerosa familia. No dejas de ser una basura, una buena para nada, una maldita mosca muerta que no merece el estilo de vida que papá le dio. Además, deberías darte vergüenza de jactarte de tu matrimonio, ¡cuando fuiste comprada como una muñeca inflable!La bofetada no se hizo esperar. Melissa sintió el picor en su mano, aunque pronto la misma ira la hizo dejarla caer de nuevo, y con el dorso marcó la otra mejilla de una Mariam que no sabía cómo sostener
Leer más