—¿Quieres que llamemos a la policía? ¿Huimos?La sonrisa en Melissa fue amplia, pero solo negó. Tomando su mano delicada, le señaló:—No, no. Ya en este punto, como te he dicho, y lo digo de corazón, con sinceridad, como siempre hemos hablado, las cosas en mi relación están bien. Hemos encontrado, mi esposo y yo, una dinámica donde los dos logramos sentirnos cómodos, la comunicación ha mejorado muchísimo y… debo confesarte que… —lamió sus labios— me gusta. Él, como hombre: su físico, su seguridad, su manera de vestir, su olor, incluso. Tiene unas manotas...Esa carcajada escandalosa y natural de Kimmy llegó hasta Gaspar, que estaba pendiente, aunque con una prudente distancia de la interacción de las amigas, una que ya le había anunciado a su jefe que había comenzado con buen pie y muchos gritos de emoción.—¡Ah, por Dios, Melissa, qué locura! Qué locura —Kimmy solo negó, viéndola a los ojos—. ¿Cómo sucedió eso? O sea, ¿cómo en estos tiempos sucede un matrimonio arreglado?—La verdad
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