Comiendo una de las galletas y con su té preparado a su gusto, se movió hacia la zona del caballete para ver su obra. Su sonrisa se amplió cuando el celular vibró en esa mesita que había acomodado para las únicas cosas electrónicas dentro del salón. Negó con la cabeza al ver el mensaje de Kimmy, donde le mostraba dos botellas elegantes de champán en un carrito de compras: “¿Qué más llevo, amiga?” se leía el mensaje.
Tras limpiarse las manos en su delantal de tela, no dudó en responder: “Solo el