—Melissa… —el serio llamado la hizo suspirar—. Colibrí, eso es una propina a mis ojos —la joven pasó saliva—. Me importa una mierda si Mariam, en un arrebato de locura, hubiera facturado todo en esa tienda. Lo que no soporto es que te causen a ti incomodidad, que tu estado anímico se vea afectado por estas personas. No lo soporto.
—No quisiera que fuera así.
—Entonces toca cambiar esa idea. Fortalecer tu mente, para que en el siguiente encuentro de tu vida como Melissa Ravage con cualquiera de