El vestíbulo principal de la clínica Ríos era un murmullo constante de voces, risas y el tintineo de copas que chocaban en el aire. El espacio lucía abarrotado de médicos, enfermeros y excompañeros de la facultad que recorrían las instalaciones con genuina admiración. Elara se encontraba cerca de la entrada principal, vistiendo un traje de seda de color marfil que le sentaba como una segunda piel. Recibía de frente la marea constante de felicitaciones, sosteniendo las tarjetas de presentación que le extendían y respondiendo a cada elogio de los directores de hospital con un asentimiento preciso y una sonrisa impecable que disimulaba el cansancio de las últimas semanas. A pesar de la elegancia del entorno y de estar atenta a los invitados, su verdadera atención estaba abajo, en las dos pequeñas figuras que se aferraban a su ropa. Mateo, elegantísimo con su esmoquin, observaba a los presentes con curiosidad, mientras Amara, con un atuendo blanco y la nariz un poco arrugada por la emo
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