El vestíbulo principal de la clínica Ríos era un murmullo constante de voces, risas y el tintineo de copas que chocaban en el aire. El espacio lucía abarrotado de médicos, enfermeros y excompañeros de la facultad que recorrían las instalaciones con genuina admiración.
Elara se encontraba cerca de la entrada principal, vistiendo un traje de seda de color marfil que le sentaba como una segunda piel. Recibía de frente la marea constante de felicitaciones, sosteniendo las tarjetas de presentació